A TI, COSTALERO
Como miembro del cuerpo de capataces de la Hermandad de Nuestra Señora de la Esperanza, es mi deseo el dedicar unas palabras a la cuadrilla de costaleros del 2011.
Unas palabras con las que quiero proclamar, bien alto y claro, que demostrasteis valor, coraje, corazón y un saber estar en los momentos más delicados y difíciles, como en ese momento en que, a la mitad del recorrido, empezaron a caer unas pequeñas gotas de agua desde el cielo.
Por dicho motivo tuve que subirme al paso para cubrir el largo manto verde de Nuestra Señora. Al hacerlo, tuve la oportunidad de ver el rostro de Nuestra Señora de la Esperanza unas lágrimas que caían de sus ojos. También de los míos, porque sabía que teníamos que andar deprisa hacia el guardapasos, y el hecho exigía un gran esfuerzo por vuestra parte.
Vosotros, costaleros, sabed una cosa: Llevo años acompañando a Nuestra Señora de la Esperanza, como cofrade, empujando cuando iba a rudas, de costalero, atrás con las autoridades, y últimamente como contraguía. Y puedo deciros que nunca había visto a los ciudadrealeños aplaudir sin parar, desde la calle Toledo hasta nuestro guardapasos, al paso de nuestra Hermandad y al llegar la imagen de Nuestra Señora de la Esperanza.
Por ello, os confieso, que me siento orgulloso de pertenecer al grupo de capataces y, por supuesto, de contar con la cuadrilla de gente que tiene un gran corazón y compañerismo. ¡Gracias, señores costaleros!
Rafael Maldonado